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A todo aquel que me quiera leer

A todo aquel que me quiera leer

A todo aquel que me quiera leer


Todo empezó en 6º de primaria. Un chico empezó a molestarle. Le quitaba el bocadillo. Robaba cosas en el colegio y le echaba la culpa a mi hijo. Si iba con algo bonito se lo quitaba...


A todo aquel que me quiera leer.

Soy madre de un chico de 26 años que ha sufrido bullying en el colegio.

Todo empezó en 6º de primaria. Un chico empezó a molestarle. Le quitaba el bocadillo. Robaba cosas en el colegio y le echaba la culpa a mi hijo. Si iba con algo bonito se lo quitaba...

Pero no fue así como empezó para mí. Yo lo único que recibía era llamadas o notas del colegio diciendo "va muy mal", "no hace las cosas en condiciones", "se porta mal"...

Estábamos en un momento complicado en casa porque mi marido estaba superando una enfermedad, y era en lo que se refugiaba el colegio. Lo único que decían era que el problema es de casa, pero en todo lo demás iba bien. En casa, con nosotros, con los amigos.

Según los profesores mi hijo levantaba la voz, cogía rabietas, contestaba e incluso había llegado a las manos con un compañero. Pero para nada reconocía a mi hijo en ese niño que me describían. No entendía nada.

Pedía ayuda, fijarse desde dentro si pasaba algo, orientación, pero solo decían que el problema estaba en casa.

Con el tiempo las noticias me fueron llegando. Supe que había un chico de su clase que se metía con él, que le robaba, que le culpaba.

Y el tiempo no hacía más que empeorar las cosas. Cuando tenía 14 años acudimos a ayuda profesional, le visitaron el psicólogo y psiquiatra pero cuando quise ayudar, saber qué le pasaba a mi hijo para saber qué hacer, solo me dijero que no podían por secreto profesional. Él no quería que me enterase, supongo que para no preocuparme por la enfermedad de su padre. Pero es mi hijo y aún no entiendo porque en aquel momento se me negó incluirme en el tema, en la solución.

También han pasado muchos años y antes el bullying no era tan conocido.

Sobre esa época, con 14 años, fue cuando el chico que hacía bullying a mi hijo se fue.

Estuvo 2 años en un correccional y fue un alivio para todos. Mi hijo empezó a estar mejor aunque el daño había estado hecho y en el instituto no iba bien y en casa ya tenía respuesta no apropiadas.

Este chico pasó los 2 años encerrado pero al salir volvió a por mi niño. Ya no coincidían en el instituto pero se cruzaba por el barrio. Le volvió a molestar, le paraba por la calle para reclamarle cosas, le amenazaba que si no le daba dinero o si no robaba para él iría a por sus hermanos pequeños. Le hizo pagar una moto... Incluso 3 veces vino a la puerta de casa con 4 chicos más a dejarle un mensaje a través de su hermano pequeño: "dile a tu hermano que hemos estado aquí."

Y todo esto se lo callaba. No contaba nada.

Un día llegó a casa con la camiseta rota, ensangrentada. Sin el pendiente y sin anillo. Se lo habían intentado robar pero al no dejarse, se lo arrancaron.

Este bullying, tan continuado, desde la escuela y hasta el barrio, le hizo meterse en un mundo de miedos, complejos,... y le hizo refugiarse en lo que no debía. Empezó a coquetear con el hachís y exporádicamente con la cocaína. Pero llegó otro momento de calma porque ese chico ingresó en la cárcel y mi hijo descansó.

Con 18 años mi hijo estaba ya mucho mejor. Tenía trabajo, novia, le habíamos regalado una moto... un chico normal, feliz.

Y salió de la cárcel y volvió a molestarle. Pasó el tiempo, los niños se hacen mayores y también se hacen mayores las consecuencias. Tanto para quien hace el acoso como para quién lo recibe. Este chico, detectado a tiempo y con ayuda, podría haber reconducido su vida, quizás, me da igual.

Y mi hijo, detectado a tiempo y también con ayuda, estaría bien, sería feliz, disfrutaría, habría podido salir de este rol de diana en el que se vió metido.

Aquí, con 18 años, con la nueva aparición del chico, tuvimos la primera crisis. Tuvimos el primer ingreso hospitalario y el primer diaganóstico de esquizofrenia.

Escribo esto con miedo, miedo de que mi hijollegue a saber que he contado su historia. Porque él no quiere, no quiere remover un pasado que le ha hecho tanto daño. Pero es necesario contar para concienciar. Para que padres, maestros, hermanos, amigos... detecten y ayuden.

Como madre me culpo por no haberle ayudado. Me pregunto cómo pude permitir que le pase esto a mi hijo.

Me sentía sola, nadie me ayudaba, los profesionales donde le llevaba no me contaban por el secreto profesional. Mi hijo no me contaba por miedo. El colegio me decía que el problema venía de casa y no sabía qué hacer.

Hay mucha gente que le pasa. No solo niños. También adultos. Hay que darles la confianza para que cuenten los problemas a los padres. Hay que mostrarles que no están solos, que a muchos niños les pasa y que no hay que tener miedo, que si lo cuentan nadie se va a burlar, al contrario les van a poder ayudar. Han de ver que a alguien, quien sea, desde la confianza, padres, hermanos, profesores, vecinos, ... pero darles una salida.

El bullying no es un juego de niños. Es un maltrato físico y psicológico, que hace mucho daño y que está en casa rincón. En un patio, en una calle... en una canción de rap.

Hemos de parar esto. Entre todos. Por ellos.

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