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Y el ocio...¿para cuándo?

Y el ocio...¿para cuándo?

Y el ocio...¿para cuándo?


La rutina y las obligaciones suelen ocupar todo nuestro tiempo. ¿Te suena? Entonces, este artículo te interesa.


Desde que nacemos nos inculcan la importancia de comportarnos correctamente, ser educados, responsables y trabajadores. De actuar acorde a las normas sociales y atender a las obligaciones tanto laborales como familiares (cuidar de los nuestros). No obstante, una asignatura pendiente es la de aprender lo necesario que es cuidar también nuestro tiempo personal, de ocio y disfrute. Si mi vida sólo consiste en ir al trabajo para pagar facturas y poder mantenerme, cuidar de mis seres queridos (con las preocupaciones y quebraderos de cabeza que ello conlleva), mantener limpio y ordenado mi hogar… Puedo acabar desbordado por mi rutina diaria, acumular estrés y preocupaciones que, si no son liberadas de alguna forma, pueden acabar convertidas en obsesiones, problemas para descansar por las noches, en que se vea alterado nuestro apetito…

Por todo ello, es muy importante aprender a dedicar una parcela de nuestras vidas para dedicarla a aquello que nos gusta, con lo que disfrutamos, que nos hace feliz y nos ayuda a liberar parte de la tensión de nuestro día a día. Pero, al no haber sido educados para ello, pueden aparecer sentimientos de culpa si, teniendo pendiente alguna tarea “obligatoria”, salimos al cine, o a tomar algo con los amigos, o a cenar con nuestra pareja… La realidad es que si tenemos momentos de esparcimiento, nuestra mente se despeja, rebajamos el nivel de ansiedad que nos genera un determinado trabajo y cuando la retomamos somos más productivos y, en menos tiempo, probablemente lo demos por finalizado. 

Esto no significa que necesitemos de muchas horas libres para poder dedicarlas a nuestros hobbies (3 veces por semana baile, dos veces por semana guitarra y los fines de semana senderismo y salir en bicicleta). No se trata de sobrecargarnos porque con ello sólo sentiremos más agobio y ansiedad. Se trata de que dentro de nuestra rutina diaria, hayan momentos de disfrute como: comer nuestra comida favorita, quedar con un compañero o amigo tras el trabajo a tomar un café para hablar un rato, darnos una ducha de agua caliente o un baño para rebajar la tensión muscular, ver nuestra serie favorita antes de irnos a dormir… Pueden ser pequeños detalles que hagan que cada día valga la pena y que siempre haya pequeños momentos agradables en nuestra vida.

Un ejemplo de dedicación completa a las obligaciones podrían ser algunas amas de casa. Personas que han sido educadas para darse por completo a los demás. Para entregar sus vidas a sus parejas, hijos, nietos y padres, olvidándose por completo de ellas mismas. Llegando a pensar que ellas son las últimas en la lista, porque primero va que todos los suyos estén bien atendidos, con la repercusión que esto tiene para su autoestima (el mensaje es: “yo valgo menos que los demás”). Se olvidan de disfrutar de dar un paseo, de lo que les gustaba ir a tomar un helado, ni se acuerdan de la última vez que fueron al cine… Incluso, si llegan a salir, pueden sentir cargo de conciencia porque “debería estar en casa que se hace tarde para preparar la cena”. Programadas para atender a rajatabla “sus responsabilidades” y dejando a un lado sus aficiones y gustos personales.

Es una lucha constante entre lo que nos han inculcado (que hay que ser responsables y trabajadores, y que el ocio es de “vagos”, algo secundario que se puede disfrutar sólo cuando todo lo demás está terminado) frente a lo que nos conviene (encontrar un equilibrio entre las obligaciones y el tiempo de personal). Sólo cuando ambas partes están cubiertas podemos tener una vida más satisfactoria. 

Cabe decir, que no hay fórmulas mágicas para la felicidad y, aunque encontremos el balance adecuado en nuestras vidas entre lo personal y lo profesional, siempre pueden aparecer situaciones que nos desestabilicen. Pero en nuestras manos está encontrar la manera de que las aguas vuelvan a su cauce (por nosotros mismos, recurriendo a alguien de nuestro entorno que nos ayude y en quién apoyarnos, o bien acudiendo a un profesional).

De modo que recuerda que debes trabajar tanto en tus tareas obligatorias como en cuidar tus hobbies y aquello con lo que verdaderamente disfrutas, que te llena y te hace feliz!

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